Una porción de pastel de
chocolate por muy pequeña que sea siempre es tan especial y perfecta, que
cuando la sirven en el plato se ve tan bien decorada que nos despierta el
apetito y en ocasiones se vuelve una deliciosa debilidad.
Para que este pastel sea
perfecto, su masa debe ser elaborada cuidadosamente para que sea dulce y suave.
Debe llevar un relleno de cajeta, fresa o cualquier
jalea, este relleno nos sorprende
el paladar y nos aventura por la dulce combinación de sabores de chocolate y
jalea. Además debe estar recubierto por una deliciosa cubierta de chocolate,
ese chocolate que se derrite en tu boca y te da ganas de seguir comiendo más. Para
ser perfecto debe llevar el detalle final, sea una fresa, dulce o cualquier
otra fruta que hace que la porción de pastel se vea divinamente deliciosa. Jamás pruebas un porción de pastel
similar, aun si pruebas diez veces un porción de pasteles de chocolate que fue
cocinado por la misma persona.
Puede parecer absurdo pero la
vida es tan similar a una porción de pastel de chocolate, se puede representar
tan bien que ni yo misma lo creo.
La porción de pastel, es el lugar
que representamos aquí en la tierra, puede parecer tan pequeño o indiferente,
pero en realidad somos tan especiales que fuimos puestos en un lugar perfecto
para encontrar nuestro propósito.
La masa del pastel, es lo que vamos construyendo a lo largo
de nuestra vida, aquello que va
formando el interior de nuestro ser, que si no es cuidado con amor se puede
volver una masa dura y sin sabor.
El relleno, es el sin fin de
emociones que nos pasan a diario, y que nos hacen aventurarnos por la vida.
La cubierta de chocolate, es
nuestro ser exterior, que debe estar perfectamente bien cuidado y para demostrar no solo la belleza
exterior, sino que también nuestra belleza interior. Es aquello que las demás personas verán en nosotros y que querrán
seguir conociendo de nosotros.
El detalle final, es eso que nos hace tan únicos. Es esa
esencia que no todos pueden ver, y solo aquellos que logran entrar en nuestro
corazón conocen.
Es por eso que en la vida jamás
encontrarás a alguien igual, cada uno de nosotros somos tan diferentes y
especiales como un delicioso pastel de chocolate.

